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Los tabúes de la sexualidad inhiben el disfrute de su exploración. Muchos de nosotros somos, inconscientemente, por el poder de los hábitos, esclavos de algunas actitudes erróneas acerca del sexo. A menos que nos esforcemos en cambiar esto, existen pocas posibilidades de modificar nuestra vida erótica
La visión tántrica no rechaza nada.
Todo lo que alguien pueda experimentar, no debe juzgarse como bueno o malo, sino como una oportunidad de aprender algo. En el Tantra, no existe una separación rígida entre lo bueno y lo malo, entre lo que es aceptable y lo que no lo es. Tantra no impone prejuicios morales a nuestras preferencias amorosas. El punto no es qué se está haciendo, sino cómo se lo está haciendo. Es por esto que el tantra puede ser practicado por cualquiera.
La visión tántrica es unificadora, abrazadora, porque toda situación, sea placentera o no, puede ser una ocasión para descubrir como somos en realidad, y como podemos amplificar nuestras buenas cualidades. Y a este respecto, la sexualidad representa una oportunidad única y extraordinaria para integrar todos los aspectos que nos conforman, incluso aquéllos que habitualmente rechazamos. Esta visión también reconoce que en el interior de todo adulto existe un aspecto infantil natural, que puede inocente y espontáneamente explorar cualquier territorio desconocido. El Tantra brinda respuestas pragmáticas a cuestiones fundamentales, tales como: ¿qué es el éxtasis, cómo puede ser alcanzado en el contexto de la intimidad amorosa, cómo puede tener lugar en el entorno cultural actual, y cómo puede ayudarnos en la vida diaria?
El acto amoroso no significa procreación.
Muchas personas consideran extravagante y restrictivo que el acto amoroso debiera implicar procreación, y ningún placer. Esta idea lleva a que algunas personas, toda vez que se sientan gratificados por alguna sensación erótica, sientan también una estúpida sensación de culpa. Piense por un minuto cuántas veces ha hecho el amor hasta ahora. Una persona de 43 años nos dijo que lo había hecho 3.000 veces. Pero para procrear un niño, una única vez es suficiente. Entonces, ¿qué fué lo que hizo, y porqué, en las otras 2.999 veces?
La función del Tantra es llenar esas "otras veces", mostrándonos cómo pasar de la procreación al éxtasis.
No hay "reglas" en hacer el amor.
Una cierta mujer dijo que, después de varios años, consiguió tener un orgasmo a través del auto-erotismo, pero el doctor le dijo que eso era algo malo. Para muchos, especialmente para las mujeres, la influencia de los "expertos" ha creado verdaderas "reglas" en el modo de hacer el amor y de lograr el placer. El Tantra disuelve todas estas distinciones. No hay caminos erróneos para vivir el orgasmo ni caminos erróneos para hacer el amor. El Tantra elimina solamente actitudes y mentalidades equivocadas. Nos enseña a confiar en nosotros mismos y a descubrir nuestra originalidad en relación al despertar erótico. Nos enseña que el orgasmo es no solamente un acontecimiento sexual, sino que puede comprometer asimismo la totalidad del cuerpo, la mente, el corazón y el espíritu.
El orgasmo no significa eyaculación.
Muchas personas entienden que el sexo está limitado solamente a los genitales. Alguien que aparentemente poseía una experiencia erótica considerable, acumulada a lo largo de decenas de años, decía: "después de todas las películas sexis que he visto, con todos los vibradores que he usado, y todas las técnicas sexuales que he practicado, mi vida sexual no se ha enriquecido demasiado, y no ha tenido un sentido claro. Siempre se quedó en la eyaculación del líquido seminal dentro de la vagina". Una visión extremadamente limitada, comparada con la visión tántrica.
El acto erótico no es solamente excitación.
Muchos hombres creen que es suficiente con besar y estimular con algunos minutos los pechos o el clítoris de la mujer para que ella esté inmediatamente lista para hacer el amor. De modo similar, algunas mujeres, cuando tocan o besan el pené de su amante, esperan que la erección del "señor siempre listo" aparezca en pocos minutos. Como resultado de esta mentalidad simplista, la sexualidad está centrada y limitada a unas pocas zonas "calientes".
El Tantra enseña que todo el cuerpo, las manos, las caderas, las piernas, el cuello, son también aptos para inesperadas sensaciones eróticas. Cualquier parte de nuestro cuerpo puede volverse, específicamente, casi tan caliente, sensitiva y abierta como los genitales, y la experiencia de las pulsaciones del orgasmo en esas zonas puede ser tan satisfactoria que los genitales sean olvidados por un tiempo. El Tantra enseña que el estar listo para el acto sexual no es un asunto de estimulación física, pero sí de consonancia mental, emocional-afectiva y espiritual entre los amantes, que se encuentran uno a otro llenos de confianza, abiertos y creativos. |