| Paramahansa Yogananda |
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Una luz viviente, brillando poderosamente en el medio de la oscuridad, así fue Yogananda en este mundo. Un alma tan grande dificultosamente aparece en la La Tierra, sólo cuando la gente realmente la necesita.”
La infancia de Yogananda.
El 5 de enero de 1893, en el Noreste de India, cerca de las montañas Himalaya, en Gorakhpur, nació Mukunda Lai Gosh, quien sería conocido como Paramahansa Yogananda. Yogananda recuerda a su padre Bhagabati Charan Ghosh, como a un bueno hombre, serio y a veces severo, un matemático y lógico valioso que se guiaba especialmente por el intelecto. Su madre, Guyana Prahba Ghosh, es descripta como una reina de corazaones que crió a sus hijos en una atmósfera llena de amor.
En su libro que recorrió el mundo “Autobiografía de un Yogi”, Yogananda cuenta los milagrosos momentos que salpicaron su infancia, la cual estaba marcada por imágenes de otra vida en la que era un yogi solitario en los picos nevados de las montañas Himalaya. Uno de los primeros milagros es su curación con un cuadro de Lahiri Masaya. De niño, en el tiempo en que vivía en Iehapur, se enfermó de cólera asiática. Su estado de salud era terrible. Los doctores declararon que no había cura. Entonces su madre le rogó que contemplase el retrato de Masaya. Accediendo al deseo de su madre, un milagro sucedió. “ De repente una luz cegadora rodeó mi cuerpo y se esparció por el cuarto. Los síntomas de la enfermedad desaparecieron y me sentí curado” , contó. Desde su temprana infancia, Yogananda demostró una poderosa voluntad y concentración mental. Una vez, cuando su hermana Uma llamó al pequeño Mukunda un “mentiroso” él le dijo fuerte y claramente: “Mediante mi fuerza de voluntad declaro que no más tarde de mañana tendré un gran forúnculo en este brazo”. La mañana siguiente realmente tenía un forúnculo impresionante en el brazo que requería una intervención quirúrgica.
El encuentro con el maestro.
De joven, Yogananda se encontró con muchos sabios y santos buscando ardientemente encontrar su maestro espiritual que lo guíase al logro. Hasta el encuentro con su maestro en 1910, Sri Yukteswar, debió esperar 17 años de vida. Sri Yukteswar quien inició a Yogananda en el Kriya Yoga, había sido iniciado en este destacado camino yogi por Lahiri Masaya. Masaya era un discípulo de Babaji, de quien se dice que vivió en India por muchos siglos.
La descripción de su primer estado de Samadhi.
Yogananda alcanzaría la experiencia de la conciencia cósmica, ayudado por su maestro, a una edad temprana. Yogananda describe su primer estado de Samadhi en las siguientes palabras “Mi cuerpo pareció volverse de piedra, el aire abandonó mis pulmones, como si fuese aspirado por un remolino gigante, alma y espíritu se despegaron de la conexión con el cuerpo físico, alejándose de cada poro como un fluido brillante. Mi cuerpo parecía rígido. Sin embargo, en el intenso estado de lucidez que estaba, sabía que estaba más vivo que nunca. El sentimiento de mi identidad no se hallaba más limitado al cuerpo físico, sino que incluía a todos los átomos circundantes.
Parecía como si la gente de las calles distantes cruzara lentamente los suburbios de mi ser. Vi las raíces de plantas y árboles en el suelo, que se hacían transparentes para mí y miraba la intensa circulación de la PITH. Los terrenos aparecían enteros en la cara de mi visión interna. Mi campo visual se volvió esférico, permitiéndome abrazar todo con una sola mirada. Detrás de mí, he visto gente bajando por la calle Rai GAT y vi una vaca blanca acercándose lentamente; llegó hasta la puerta abierta del Ashram, atravesando mi campo visual. Después de haber entrado por la puerta continué viéndola claramente a través de las paredes de ladrillos. En mi visión global, los objetos vibraban y parpadeaban como si fuesen imágenes cinematográficas. Mi cuerpo y el cuerpo de mi maestro, los pilares del patio, los muebles, el techo, los árboles y los rayos de sol se revolvieron más y más hasta fundirse en un océano luminiscente, como el azúcar se funde en el agua en el que es inmerso. La luz unificante alternaba con la materialización de las formas y esa metamorfosis me revelaba la ley de la causa y efecto en La Creación. Una alegría oceánica fue sacudida en la calma de las ilimitadas orillas de mi alma. Entendí que el Espíritu de Dios es una felicidad exhaustiva, Su cuerpo es tejido infinito rayos. Un brillo esplendoroso brotaba desde el fondo de mi ser, amplificando y envolviendo ciudades, continentes, La Tierra, El Sol, constelaciones y conglomeraciones estelares hasta las últimas galaxias. El cosmos entero, iluminado como una ciudad vista en la noche a la distancia, brillaban en mi cuerpo sin límites. La luz cegadora proveniente de más allá de los contornos de la red de los objetos empañaba fácilmente los bordes de mi visión; allí percibí una radiación inmaterial, un brillo uniforme, de una sutileza inexpresable. La imagen de los planetas estaba hecha de una luz más ruda.
La hoja divina de los rayos brotaba de una Fuente eterna, tejiendo galaxias que eran transfiguradas por auras maravillosas de un esplendor inefable. Vi nuevamente los rayos creativos condensándose en constelaciones y transformándose en llamas traslucidas. Mediante un movimiento inverso y rítmico los innumerables mundos se disolvían en un brillo diáfano. El firmamento entero formaba una sola llama. En el medio de esta bóveda celestial supe se encontraba situado un centro intuitivo de percepción intima en mi corazón. Muchísimos esplendores irradiaban desde el núcleo de mi ser, perforando la estructura íntima del Universo.
Amrita, el néctar de la inmortalidad, fluía a través mío como plata veloz. Oí la voz creativa de Dios, resonando bajo la forma del sonido AUM, la vibración cósmica. De repente la respiración volvió a mi cuerpo. Con un descontento casi insoportable, me di cuenta que había perdido mi inmensidad cósmica. Una vez más, estaba limitado a la concha de cuerpo físico en la cual el Espíritu no puede acomodarse fácilmente. Como un “hijo pródigo” escapé de mi morada universal para encerrarme en la estrechez de mi propio microcosmos.”
Entrando en la orden Swami
Durante años, Mukunda quiso convertirse en un monje de la orden de los Swami, pero el maestro se negaba repetidamente. No obstante, en 1915, Sri Yukteswar aceptó su pedido y por ello tan solo a los 22 años de edad, Mukunda se convirtió en un monje en la orden Swami. Recibiendo el privilegio de su maestro de elegir su propio nombre, el eligió Yogananda. Su nombre significa felicidad (Ananda) que es obtenida mediante la unión divina (Yoga). Yogananda dice sobre su decisión de volverse Swami “Me parece a mí inconcebible poner a Dios en segundo lugar en mi vida. Él, el único maestro del cosmos, sirve sus dones en la vida de la gente, después de la vida. Solamente hay una ofrenda que el hombre le puede dar a Él: Su amor, el cual es libre de dar o no. El Creador, quien toma infinitas precauciones para esconder el misterio de su presencia en cada átomo de la creación, puede tener solo un motivo para hacer esto: el deseo de que los humanos lo busquen sólo a través de su libre voluntad. El cubre la “Mano de Acero” de su omnipotencia con el guante de seda de su humildad”.
Sueño Cumplido.
La primera institución fundada por Yogananda fue una escuela llamada “Yogoda – Satsanga Brahmacharya Vidyalaya” en 1917. En esta escuela, la educación estaba unida con la práctica del Yoga y la Instrucción en los ideales espirituales. Al visitar la escuela, Mahatma Gandhi escribió: “Esta institución me impresionó profundamente”. En 1935 cuando Yogananda retornó de América, la escuela de Rachi fue reconocida por el gobierno. Su sueño de construir un centro permanente de educación yoga ¡se volvió real! Hoy en día, el edificio de la escuela Yogada Satsanga en Ranchi, incluye arte, comercio, música y ciencias, escuela para chicos y chicas y además otras clínicas en diferentes ciudades de la India. Básicamente, estos adicionales contribuyen a la propagación de las enseñanzas de Kriya Yoga de Yogananda por toda la India.
Partiendo hacia América.
En 1920 Yogananda se fue a América al ser invitado para representar a India en un congreso internacional de religiones en Boston. Justo antes de llegar, el mahavatar Babaji le ofreció su bendición y le confirmó su misión en este mundo: “Tu eres al que elegí para que esparza mi mensaje de la ciencia de Kriya Yoga en Occidente. Muchos años atrás me encontré con tu gurú, Sri Yukteswar en Kumba Mela. Entonces, le anuncié que lo guiaría para que te instruya.” Además, en el mismo año que se fue a America puso las bases para la “Self – Organization – Fellowship”, con el propósito de compartir con el mundo entero la ciencia de la India antigua y la filosofía Yoga. Esta organización todavía existe hoy en el centro de los Ángeles y posee centros de meditación y templos por todo el mundo. El líder actual de la organización es Sri Daya Mat, un discípulo directo de Yoganadji. En 1927 el es el primer oficial recibido en la Casa Blanca por el presidente Calvin Coolidge quien empezó a interesarse por su actividad enterándose de ello por los diarios. Entre sus discípulos hubo grandes personalidades de ramas extremadamente distintas, como ciencia, arte. Negocios, por ejemplo el horticultor Luther Burbank y la soprano Amelita Galli-Curci o el poeta Edwin Eastman. En los años venideros Yogananda viajó para brindar conferencias frente a miles de personas y clases abiertas de yoga a las que asistían millares de americanos a lo largo de los años. En 1964 Yogananda publicó la historia de su vida en “Autografía de un yogi”, un libro que se convirtió en best-seller desde su publicación y fue traducido a 18 idiomas, permaneciendo hoy en día como un best-seller.
Retornando a India.
En 1935 comenzó un tour por Europa e India. De vuelta a su país natal, asumió conferencias por las ciudades del sub-continente. Se reunió con Mahatma Gandhi quien le solicitó la iniciación en Kriya Yoga, y también con grandes maestros espirituales como Ramana Maharishi y Ananda Moy Ma. En el mismo año su maestro le ofreció el título de Paramahansa, el cual significa literalmente “Sol Supremo”, este título es dado solo a aquellos que alcanzaron la unión permanente con lo Divino.
Entrando a la eternidad.
Paramahansa Yogananda entró al estado de mahasamadhi (abandonando definitivamente la conciencia sobre el cuerpo) en Los Ángeles, el 7 de marzo, después de mantener un discurso en el banquete de honor a su Excelencia Binay R. Sen, embajador de la India en E.E.U.U. El gran maestro del mundo ha demostrado el valor de la ciencia no solamente durante su vida sino también en su muerte. Semanas después de dejar el plano físico, una luz divina de inmortalidad permanecía intacta en su rostro. Durante 20 días no hubo rastros de desintegración física. El 27 de marzo, en el momento en que su ataúd fue cerrado su cuerpo lucía intacto como la noche de su fallecimiento.
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