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Yoga Esotérico Integral
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Una analogía tradicional que se refiere a los caminos espirituales

(upāya-s)

La parábola del Arquero

 

 

El tirar con el arco: Simboliza muy bien las diversas formas de esfuerzo, concentraciones, actividades que corresponden a los 3 upāya-s (caminos espirituales).Al comienzo, el Arquero, completamente ignorante en el arte de tirar con el arco, se fascina con el arco, de manejarlo, sin poder estar simultáneamente atento sobre el blanco.Sin destreza, equivocándose muchas veces, agitado, perdiendo inútilmente energías y su fuerza, esta tenso, cada movimiento representa un gran esfuerzo y a veces no llega a tener el arco en tensión hasta que la flecha se lanza. Pero poco a poco, por su disciplina y entrenamiento seguido, él se familiariza con el arco, con los movimientos necesarios para tirar la flecha, su respiración se tranquiliza, el cuerpo se relaja, la mente se calma y pasa a ser más callada. Ahora él puede poner la flecha en el arco sin pensar y tirar de una forma armoniosa, fluyente. 

Por un esfuerzo intenso del cuerpo, del pensamiento y la atención, sin ser necesario mirar los detalles del arco y la flecha, él se identifica y se deja fluir para manejarlos.Todavía él no ha integrado en su conciencia, de una manera unitaria, ni el lanzamiento de la flecha, ni el  blanco, su cuerpo esta oscilando cuando el maneja el arco y es independiente de su voluntad si la flecha llega al destino deseado.

Del mismo modo, en Āṇavopāya (el camino del individuo limitado) el yogui se concentra en el uso y el control de los aspectos más objetivos (exteriores) que en los aspectos subjetivos (interiores a su conciencia). Los aspectos objetivos (exteriores) de nuestro ser (el cuerpo físico, la respiración, los 5 sentidos, los 5 órganos de acción, la mente, etc.) atraen y apegan la conciencia del individuo y él debe hacer un esfuerzo para liberar la mente de su agitación, para liberarse de la fascinación de los objetos exteriores y alcanzar así el verdadero conocimiento del espíritu.

Durante este camino (Āṇavopāya - el camino del individuo limitado) el yogui debe dedicarse a varias prácticas para controlar el cuerpo, la respiración, los sentidos, los pensamientos (posturas corporales - asanas, mudras - gestos hechos con varias partes del cuerpo, bandhas - contracciones). Gradualmente éstas prácticas lo solicitan y se despierta el discernimiento, la perseverancia, la tenacidad y aprende a interiorizarse más. Sus energías no se pierden tan fácilmente hacia el exterior, hacia los objetos de los sentidos, al contrario se unifican y se orientan hacia su interior para alcanzar una paz profunda.Todavía él no alcanzó una paz mental continua y fluida, así como en el camino de la energía Śaktopāya, pero, por la causa de la Gracia Divina él alcanza esporádicamente momentos de paz aunque no logra mantenerse mucho tiempo en este estado de conciencia.

 

 

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En la segunda etapa de su práctica, el arquero no se preocupa más de sus movimientos en particular, del arco, de la flecha, los movimientos y herramientas están integrados en un nivel de conciencia más sutil, en un tipo de ‘centro’ de donde emanan todos los movimientos. El aprende a lanzar la flecha sin temblar, sin tensiones personales, sin desviar la flecha por causa de sus limitaciones. Gracias a la intensidad de su atención él unifica toda su energía mental y emocional sobre el tiro y la flecha que lanza.

Se manifiesta un estado de hipervigilia unificador, global, completamente interiorizado, que incluye también la imagen del blanco, hasta que, en la cima de este proceso de concentración, él pone la flecha en la cuerda del arco y tira desde un proceso de total armonía.Desaparece definitivamente la distancia que separa la flecha del blanco. Esto significa el desaparecer del último fragmento de exterioridad, es decir de la orientación de su conciencia hacia los objetos exteriores. El tiro se realiza ahora muy armoniosamente, fluyente, sin ningún esfuerzo individual del arquero, como la nieve se cae desde la hoja de bambú (comparación conocida en la tradición Zen). Todo pasa desde un centro suyo, sin esfuerzo de su cuerpo o mente.En el mismo momento, en el mismo movimiento espontáneo, la flecha se pone en el arco inmediatamente es liberada y penetra al Blanco como si todo fuera una única vibración del corazón del Arquero.

Es como si la vibración del corazón del Arquero incluye el arco, conduce la flecha y penetra al Blanco.Todas las etapas del tiro, desde la primera hasta la última, constituyen una cadena fluyente, natural e íntima que se desarrolla en su totalidad, como si fuera que toda la sucesión de movimientos se incluye en un único movimiento, que emana desde el corazón del Arquero.Liberado del arco, de la flecha, del Blanco y hasta de sí mismo, pero usando la energía interna como un trampolín, el Arquero realiza ahora perfectamente el tiro.En la intensidad de la energía unificadora, en la hiperatención conciente, todo se desarrolla ahora en una calma profunda, sin oscilaciones o agitación.

Analógicamente, en el camino de la energía Śaktopāya, el yogui se desapega, trasciende tanto el objeto de la meditación suya como se trasciende a sí mismo descubriendo el juego libre de la Energía Divina. Una vez que este ‘Centro’ es despertado todo lo que debe hacer es dejar cualquier forma de dualidad de exterior-interior siendo ahora trascendida.

El puede ahora conducir en una forma totalmente fluida, todas las tendencias, los impulsos de su energía vital que son unificadas en el acto vívido simultáneamente en su totalidad, como si fuese una lectura global sin ser necesario distinguir letra por letra o palabra por palabra, como una madre salva inmediatamente a su hijo que está en un peligro inminente sin saber con detalles razonables como actuará. El ardor y la intensidad de las vivencias tocan ahora el vacío beatífico creador de su corazón espiritual, más allá de sus pensamientos, esfuerzo o expresión individual limitada. Se manifiesta como el relámpago la intuición espiritual y ésta es la eficacia de los mantras.El yogui busca como blanco la divinidad misma, hacia la cuál se acerca por intermedio de sus atributos particulares y la flecha es el mantra.

Ejemplos de atributos particulares de la divinidad elegida del yogui en el camino de la energía, Saktopaya: La compasión en el caso de Gran Fuerza Cósmica Tara, la fuerza vital pránica de Kali, los atributos de la belleza de Tripura Sundari, los atributos de un gran modelo divino como Jesús, etc.Así, el adorador se identifica plenamente con una faceta de la Divinidad, y no existe ahora ni adorador ni adorado, que sólo la manifestación espontánea y pura de la energía creadora Śakti tangente a la divinidad.Entonces la flecha se lanza sola, todo fluye armoniosamente, todo vive, el yogui no debe hacer otra acción más que dejarse fluir en el flujo desbordante y universal de la energía Divina Śakti de la cual nada lo mantiene ahora separado (antes lo tenía separado: su mente, su cuerpo, sus sentidos, etc.).

El mantra no es para éste yogui un ensamble de letras, es la experiencia directa del Universo, libre de cualquier exterioridad y dualidad.En la tercera etapa, el arquero liberado del arco, del blanco, de sí mismo, de las energías, tira ahora sin ningún propósito individual, acertando siempre al blanco.El yogui logró la conciencia de su Centro esencia, el Sí Divino Ātman, y la flecha se lanza siempre desde éste Centro acertando al blanco. Un solo movimiento reúne y pone en movimiento el soplo sutil respiratorio, la voluntad y el arco.

El se mantiene inmóvil desde el origen del movimiento, el tiro se manifiesta libremente sin ningún apoyo exterior (mente, cuerpo, energía diferenciada), no existe ningún tipo de orientación hacia algo exterior a su conciencia divina, es como un juego perfecto con el arco, el blanco y sí mismo en su totalidad. El tira sin ningún esfuerzo individual, libre de cualquier apego, él ve todo sin ninguna separación, sin ninguna diferencia entre él y el todo, tampoco siente la necesidad de ver por separado las cosas entre ellas.

 

 

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El crea libremente y espontáneamente cada movimiento a medida que se desarrollan. En éste juego libre y espontáneo, bajo su inmensa experiencia y conocimiento, él percibe continuamente el placer puro y sublime del momento presente totalmente vívido que siempre le ofrecen nuevos y nuevos significados y aspectos.En Śāmbhavopāya el yogui despierto e impulsado espiritualmente por su Maestro liberado, tiene la mente trascendida, está más allá de los pensamientos y accede al Reino Supremo del Corazón Espiritual Divino.Aquí, en la intimidad del Corazón Divino todas las energías están naturalmente quietas en el vacío beatífico, en la trascendencia divina con la cual él fusiona en un estado total, puro y sublime, abandonado de sí mismo (como ser individual) en el Dios Padre.

Es un abandono total más allá de la mente, en una aspiración completa vaciada de cualquier objetividad, de cualquier representación mental, vaciada tanto de la imagen de sí mismo como de cualquier atributo de la Divinidad.Aquí no existe ni adorador ni Divinidad adorada con sus atributos, solamente la Luz Divina de la Conciencia, el Amor Divino atemporal y absoluto, el agradecimiento y la Gracia Divina que une el Padre Divino con su hijo espiritual.

El yogui, un héroe espiritual (vīra) manifiesta en éste nivel una voluntad idéntica con la voluntad divina, disolviendo para siempre toda la dualidad en el corazón divino. Desde acá emana ahora toda su actividad sin cansancio y fuertemente expresada siendo alimentada por el Dios Padre continuamente.El yogui es como Śiva, el arco para él es todo el Universo (no solo las estructuras individuales, cuerpo, respiración, etc. como en Āṇavopāya - el camino del ser limitado). El yogui está desde ahora firmemente en la punta entre sujeto y objeto, entre interior y exterior y los trasciende, porque todas sus percepciones provienen directamente desde la Conciencia Divina del Dios Padre.

El goza igual de la diversidad en unidad y de la unidad en diversidad, libre y soberano de toda la creación y sus manifestaciones.En Anupāya, la no modalidad, no existe ni arquero, ni arco, ni flecha, ni el blanco, existe solamente la divinidad. 

 
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