| Vipassana - la meditación sin objeto |
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Un camino corto hacia el estado de samadhi Vipassana es una técnica simple pero muy celebre de meditación, practicada especialmente en el budismo y en la escuela Zen. La práctica de la meditación Vipassana lleva el ser humano gradualmente hacia el estado de ecuanimidad y paz interior, a través del despertar, del desarrollo y de la amplificación de la nuestra conciencia superior. Esta forma simple de meditación puede ser practicada exitosamente de todo ser humano que se ha purificado el cuerpo de las toxinas y la mente de las actitudes mentales negativas, tanto como de las diferentes complejos y tensiones. Cuando la mente esta llena de pensamientos que no pueden ser controlados de nuestra pura voluntad, la realidad es cambiada en nuestra mente así como la imagen de la Luna se modifica cuando hay olas sobre la superficie del lago y se ve claro cuando la superficie esta quieta. Si mantenemos callada la mente tiempos más largos cada vez, ella se llena de energía proveniente del mental macrocosmico y pasa a ser parecida con un mar y después como un océano de energía mental. A veces los grandes sabios yogui son llamados “océano de paz” o “océano de beatitud”
Nuestra conciencia es espontáneamente unificada (non-dual), porque no tiene más un contenido específico, pero refleja simplemente la realidad objetiva, tal como un espejo perfecto. Entonces, no hay más la tendencia a pedir o a buscar, ni el impulso de anticipar, recordarse, comparar, desear. En este estado desaparece aun el deseo de lograr un estado de transcendencia. Cuando este ultimo deseo (el deseo de lograr la iluminación espiritual) desaparece, logramos un estado de desapego completo, en el cual nos damos cuenta que el ego desapareció bruscamente, y de ese momento podemos vivir extático y plenamente la vivencia del ‘aquí’ y ‘ahora’ (el puro mundo objetivo). En este estado de total desapego, el estado iluminador de conciencia cósmica extática (samadhi) será logrado sin esfuerzos y espontáneamente. Vipassana es una manera de acceder intuitivamente a la naturaleza última de la realidad. Observamos continuamente, manteniendo un estado de paz interior amplio y profundo, todas las fluctuaciones y los cambios continuos que aparecen en cada momento, en la esfera sutil interior de nuestros pensamientos y emociones, sin hacer ningún evaluación y sin modificarlos. Si el flujo o la agitación mental y emocional que aparecen se vuelven molestantes podemos pasar gradualmente a analizar la respiración (también de una manera desapegada y neutra, sin intervenir sobre el ritmo respiratorio), concientizando su ritmo natural. Nos concentraremos solamente sobre la alternancia de la inhalación y de la exhalación, sin hacer ningún verbalización o apreciación mental. Así, haremos las mismas acciones de antes, pero, en la profundidad de nuestro ser tendremos la revelación que en realidad vivimos a un nivel mucho más profundo, mas puro y más elevado, trasformando completamente nuestro ser. Vivimos con la conciencia a nivel de trascendencia divina mientras con el cuerpo vivimos en el mundo exterior, físico, denso. En yoga se da el ejemplo de la flor de loto blanco-puro que vive en barro. Esta técnica aparentemente simple nos permite devenir y seguir siendo los dueños de nuestra vida y en el mismo tiempo los mensajeros llenos de amor y devoción de la vida y conciencia divina.
En este espacio consagrado, cada uno de los participantes es muy impulsado a devenir el testigo desapegado de su propio mundo interno, para poder así reencontrarse con si mismo en las profundidades esenciales de su ser. Sin embargo, al fin de los tres días, todos los participantes volverán a la vida diaria con un sentimiento cierto de regeneración espiritual y se sentirán enriquecidos con una visión más profunda y más lucia sobre los propios mecanismos interiores, antes inconscientes. La belleza y el estado dominante de espíritu de un tal grupo, teniendo como base común la aspiración espiritual, es difícil a escribir en conceptos comunes. A lo largo de este periodo de práctica intensa de la meditación en grupo empieza a circular entre los participantes una energía cada vez más intensa, que se amplifica por medio de la resonancia colectiva y que muchas veces funciona como un elemento que da cohesión al grupo espiritual. El silencio (mauna), cual es el vector de esta energía, permite a cada uno tener acceso al acto de amor divino sublime de ser su propio testigo (o en otras palabras ser la conciencia de las propias vivencias). Este estado hace posible el amor y la aceptación completa de si mismo, y es la manera más segura y estable de lograrlos. El silencio (mauna) y la aspiración espiritual al unísono generan la fuerza y la eficiencia totalmente extraordinarias del este tipo de grupo espiritual. |
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