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Cerramos los ojos, eliminamos cualquier pensamiento y preocupaciones interiores. Seamos concientes de nuestro cuerpo. Concientizamos el contacto del cuerpo con la superficie donde estamos sentados, somos atentos en las manos que estan apoyadas en las piernas y concientizamos los contactos de nuestras piernas con el suelo.
Relajamos el cuerpo, la pierna izquierda, derecha, el brazo izquierdo, derecho, el tronco, desde abajo hacia arriba, el cuello, la cabeza. Nos enfocamos ahora la atención en el proceso respiratorio. Percibimos el ritmo de la respiración, sin modificarlo, y sentimos el aire y la energía llevada, como entra y sale de nuestro cuerpo. Esta es la energía que nos mantiene con vida. Seamos conscientes del milagro de la respiración.
10 min.
Cuando la concentración se mantiene y se profundiza, se convierte en meditación
. La conciencia se convierte en testigo, no se identifica más con los pensamientos.
Si aparece un pensamiento, lo observamos y nos preguntamos de donde apareció. ¿A donde se va, cuando sale de nuestra mente?
Nos damos cuenta que nosotros no somos este pensamiento.
Entonces, ¿Quién es él que analiza el pensamiento? Existe un Yo que observa todo. Este Yo es más cerca de nuestro ser interior. |