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Seminario de Sueño Consciente

 

El fenómeno de los sueños ha cautivado a los hombres a lo largo de la historia, y es bien conocida su influencia en la vida espiritual. El sueño paradigmático para la tradición judeo-cristiana es el sueño de Jacob: “Partió, pues, Jacob del pozo del juramento camino a Jarán. Llegado a cierto lugar, se dispuso a pasar allí la noche, porque ya el sol se había puesto. Tomó una piedra, la puso por cabecera y se acostó. Tuvo un sueño. Veía una escalera que, apoyándose en tierra, tocaba con su vértice el cielo, y por la que subían y bajaban los ángeles de Dios.
 
De pronto, el Señor, que estaba encima, le dijo:
 
"Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac; no temas; la tierra en que descansas te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra; te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur. En ti y en tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra. Yo estoy contigo. Te guardaré dondequiera que vayas y te volveré a esta tierra, porque no te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho.
(Libro del Génesis 28:10-22).
 
El sueño de Jacob nos dice que el espíritu nos comunica de las cosas de Dios y que puede manifestarse a través de los sueños, y nos recuerda sobre su importancia. 
 
San Agustín en el siglo V, en una de sus cartas cuenta como un ángel lo "despertó" en un sueño para mostrarle que la percepción no dependía del cuerpo sino que del espíritu o la conciencia, demostrándole que podía experimentar la realidad que le mostraban mientras su cuerpo yacía dormido con los ojos cerrados en su cama. 
 
Recién en el año 1913 el psiquiatra y escritor Frederick van Eeden, en su libro “un estudio de los sueños” habla sobre el término que hoy en día conocemos: sueño lucido. Aun así, debieron pasar 60 años para que la comunidad científica aceptase el fenómeno como “real”. 
No podemos dejar de reconocer al célebre neurólogo Sigmund Freud, padre del psicoanálisis y de la teoría psicodinamica quien en el año 1899 escribió “La Interpretación de los Sueños” (Die Traumdeutung). En esta obra, se destaca la importancia que da Freud al material onírico, y nos refiere sobre la naturaleza de los complejos inconscientes que determinan la vida propia de los sueños. Aun cuando no refiere técnicas especificas para dominar el sueño lucido, fue durante muchos años, mayormente en los círculos psicoanalíticos, un manual de cabecera para la interpretación de los sueños de los pacientes. Es en este punto donde esta obra freudiana adquiere mayor valor, en cuanto que reaviva el valor de los sueños y los liga a la práctica psicológica profesional. 
Más tarde, Alan Worsley durante el año 1975 en Inglaterra, prueba el fenómeno de los sueños lucidos a través de un experimento por señales de los músculos oculares y un electroencefalograma. 
 
Edgar Cayce en los EEUU hizo una gran actividad como terapeuta, basando su práctica en sus posibilidades nativas de entrar en el estado de trance y de sueño lucido. Conectándose de esta manera, conscientemente, con el plano astral, el entraba en resonancia oculta con seres del plano astral que le recomendaban el remedio más adecuado para el paciente y también donde se consigue dicho remedio. Edgar Cayce ayudaba a los pacientes a que concienticen e interpreten sus sueños, siendo esta una manera muy profunda y eficaz de liberar las fuerzas gigantescas que se encuentran en el subconsciente. Edgar Cayce enseñaba a los pacientes a encontrar el mensaje  
que el subconsciente le transmite al consciente, advirtiéndoles que para obtener buenos resultados analizasen sus sueños por un determinado tiempo. Pero el enseñaba a no apurarse para dar de inmediato un significado al sueño de la noche anterior, sino que dejaran que se manifieste una serie de sueños en varias noches seguidas y solo después de prestar atención intuitiva a este conjunto de sueños, iban a poder ver cuál es el mensaje que el subconsciente transmite a la mente consciente simbólicamente, a través de imágenes o a través de ideas,. Son famosas sus participaciones simultáneas con el paciente (cual en su presencia evocaba sus sueños), cuando Cayce hasta le corregía algunos detalles del sueño cuando el paciente a veces se equivocaba, y estos quedaban asombrados de la precisión de la visión de Cayce. A otros pacientes Cayce le mostraba por ejemplo como el subconsciente, a través de los sueños, nos avisa sobre un futuro accidente, la muerte de un pariente, un evento importante en nuestra vida que se manifestara en el futuro cercano, etc., para todas estas importantes funciones subconscientes siendo muy útil aprender a soñar conscientemente. 
 
Hoy en día, la autoridad en los medios académicos occidentales es el psicólogo y fisiólogo Stephen Laberge, quien ha ampliado muchísimo el estudio del fenómeno de los sueños lucidos en el plano académico formal. 
Porque para serle fiel a la verdad, es necesario reconocer que el estudio más sistemático del sueño lucido, no solo en cuanto a la producción de técnicas sino también a la profundización de experiencias, se produjo en la tradición del budismo tibetano y fue llamado “el Yoga de los sueños”.
 
Hay algo que impresiona, mientras se lee sobre este tema: es la diferencia de las informaciones modernas sobre el sueño lucido (específicamente a la motivación para la realización del sueño lucido); para la tradición budista obtener la capacidad de estar conscientes en el sueño se lo consideraba una práctica esencial para atravesar sin peligro los Bardos de la muerte y del renacimiento (Bardos son aquellos estados intermedios, estados transicionales de la consciencia en la vida, la meditación, el sueño y la muerte). De esta manera, el “Yoga del sueño” se convierte en una práctica espiritual verdadera, y no solo un divertimento para el ego, y al mismo tiempo se puede ver cómo es que los antiguos afrontaban la realidad de la muerte desde la vida, y no la negaban sistemáticamente como se hace hoy en día, en el mundo moderno. 
 
Si hubiera que intentar una definición de este fenómeno del sueño lucido, podríamos decir que: son aquellos sueños en donde sabemos que estamos soñando mientras vivimos la experiencia. A la vez que un tipo de sueño, refiere a la capacidad creativa superior en la cual, por el reconocimiento del hecho de estar soñando, logramos construir fantasías, situaciones y acciones en el estado onírico. De esta forma, tiene un doble valor: es un estado, y es una capacidad transformadora. Esto último, que es una forma de concientización, nos permite actuar deliberadamente en nuestros sueños, con la confianza de saber que nada nos puede ocurrir porque estamos soñando. Al decir que es un estado, nos referimos al concepto de “testigo”: el estado en el cual la mente participa en las esencias de los fenómenos sin estar apegadamente involucrada. Al decir que es una capacidad transformadora, nos referimos al proceso realizado conscientemente, el cual nos permite sublimar y así eliminar varios tipos de “impurezas” emocionales que se encuentran a veces en estratos muy profundos del subconsciente, sin que la mente consciente (Manas) ni siquiera dude que estas impregnaciones (Samskaras y Vasanas) podrían existir. Sin embargo la presencia, aunque desconocida, de estas impregnaciones en el subconsciente, determina muchas de las características psicoemocionales y mentales de la persona: su estado así dicho habitual de miedo o coraje, optimismo o pesimismo, timidez o expansión de la conciencia, etc. durante el estado de vigilia.
 
Uno de los tantos problemas de la ignorancia (Vypariaria) es que generalmente pasamos por la vida sin cuestionarnos acerca de la naturaleza de la realidad que experimentamos y reaccionamos mecánicamente, según nuestros condicionamientos previos, a los desafíos que se nos presentan. Durante la noche cuando dormimos y soñamos, continuamos con esta rutina y reaccionamos ante los hechos y objetos oníricos como si fueran absolutamente "reales", perdiéndonos la oportunidad de disfrutar y explorar todo el potencial del mundo de los sueños con completa libertad. 
 
Esta compulsión a la repetición es propia de la vida inconsciente, es decir ignorante, y es la característica psicológica del ciclo de “muerte y renacimiento”, en el cual empezamos y terminamos siempre en la misma manera las mismas acciones, las cuales nos conducen siempre a los mismos resultados. Mientras seguimos acumulando reacciones basadas en el hábito, cubrimos la mente con una maraña de impurezas (Samskaras y Vasanas) que nos condicionan la experiencia. En vez de participar plenamente del juego maravilloso del libre albedrio, vivimos sometidos a los condicionamientos que nosotros mismos nos creamos. El predominio de las reacciones 
automáticas en la vida de una persona, limita su capacidad de transformación y mantiene la consciencia en un estado de inercia. 
 
Mediante la concentración, cual es una de las características más importantes de la atención, es posible cambiar estos patrones, para vivir nuestros sueños completamente "despiertos", conscientes, dándonos cuenta de que estamos soñando mientras lo hacemos. La sensación de este "despertar" es casi imposible de describir, hay que vivirla. Pero podemos dar un ejemplo analógico: es el proceso alquímico de “solve” y “coagula”; si una entidad se encuentra dentro de una realidad que es toda naranja (por ejemplo una hoja de papel toda pintada de naranja), es casi imposible para dicha entidad discernir que la realidad en el cual ella se encuentra es naranja. En cambio, si por el proceso de “coagula”, realizado por la concentración, la tinta naranja se concentra desde toda la superficie en un solo punto o zona central en la hoja, la entidad puede discernir claramente la situación, o sea puede ser un testigo de la “realidad” naranja. Inclusive él puede ulteriormente realizar procesos solares de sublimación de la energía “naranja” que se manifestaba en su conciencia hasta entonces en una forma no entendida. 
 
Este ejemplo analógico (el proceso alquímico de “solve y coagula”) nos ayuda entender qué es lo que pasa benéficamente para nuestro subconsciente, para el cuerpo astral Manomayakosha, durante los procesos de sueño consciente, y porqué soñar conscientemente da como resultado más desapego, relajación, regeneración energética, balanceo emocional, mejoramiento de las funciones mentales, etc. y más felicidad y alegría de vivir. 
 
Además, teniendo en cuenta que una persona en nuestra civilización gasta unos 8 hs para trabajar, 1-2 hs por el transporte, 2-3 hs para actividades domesticas, TV, preparar comida y comer, 1 hora por higiene personal, 1 hora para socializar y 6 -8 hs para dormir y descansar, resulta que le quedan solo aproximadamente 2-3 hs por día para actividades de despertar la conciencia y practicas espirituales. Es una razón importante para tomar la decisión de hacer todo lo posible para recuperar “tiempos” para la conciencia y de soñar conscientemente. 
 
Las posibilidades que se abren a través del sueño consciente son enormes, y el potencial para crecer y enriquecer nuestras vidas es de un enorme valor.
 
 
 


 

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